Evolución de la planta

La evolución se ha referenciado al cultivo de variedades índicas, las sativas siguen la misma evolución, con la diferencia de que el periodo de floración es bastante más largo.

Durante la primera semana de floración, desde el cambio de fotoperiodo, la planta crece bastante rápido, aumentando considerablemente la distancia entre nudos. Es necesario que la planta disponga ya suficiente cantidad de fósforo para iniciar la floración, añadiendo fósforo regularmente al riego o al substrato directamente durante las primeras semanas. Es recomendable iniciar el aporte de fósforo unas semanas antes de la foración. El consumo de agua aumenta.

Durante la segunda semana el crecimiento se acelera y la planta consume cantidades elevadas de agua y nutrientes, con lo que se debe estar atento a las carencias (sin olvidar el nitrógeno). Las variedades sativas son las que más crecen, siendo exagerado el tamaño que pueden alcanzar; en cultivos de interior se debe estar atento y limitar la altura mediante la poda.


Durante la tercera semana la planta empieza a crear los primeros pistilos. La altura de la planta se ha doblado desde que empezó a florecer, el ritmo de crecimiento empieza a ralentizarse. En variedades sativas esta fase se puede prolongar hasta la sexta semana y el tamaño de la planta se triplica como mínimo.

Durante la cuarta semana la formación de pistilos se acelera y la planta deja de alargarse. Se deben observar la evolución de las carencias, sin descuidar la falta de nitrógeno, que se notará por la caida prematura de las hojas viejas y el amarilleamiento (clorosis) característico de las hojas. Conviene añadir un poco de abono rico en fósforo en cada riego.

Durante la quinta semana, si el cogollo se engorda a un buen ritmo podemos esperar una cosecha excelente, proporcionaremos nutrientes al agua para que la planta encuentre de todo, pero reduciendo bastante las dosis. En este punto la tierra comienza a estar agotada, y los peciolos adquieren tonalidades rojas sin que esto pueda remediarse. Se debe dejar de administrar nitrógeno. Para sativas que tardan 13 semanas en florecer, la quinta semana equivale a la novena o décima semana. Para sativas de floración larga (18 semanas) la quinta semana equivale a la semana número 13 a partir de la floración.


En la sexta semana dejaremos de abonar, progresivamente, de acuerdo con la evolución de los cogollos. No se debe abonar en exceso esperando así una mejor floración, sobre todo si la planta no está sana. Las plantas enfermas no pueden absorber la misma cantidad de abonos que plantas sanas y por tanto se deben abonar con moderación y dosificando siempre progresivamente, en función de la respuesta que ofrezca la planta. En variedades sativas redfuciremos las dosis de abona cuando los primeros pistilos se empiecen a marchitar, lo cual se suele producir alrededor de la undécima semana.

Durante la séptima semana el cogollo produce los últimos pistilos y los más viejos se marchitan. Los tricomas evolucionan alargándose. Es recomendable lavar las raíces para que baje el nivel de sales en el suelo y la planta elimine los restos de fertilizante que contiene en las flores; una opción alternativa consiste en regar con agua pura (de lluvia, destilada u osmotizada). No se debe abonar en absoluto a partir de este punto, dejando que las hojas amarilleen y se caigan, siendo esto una buena señal. En la octava semana el 50% de los pistilos ya se han vuelto marrones y los tricomas alcanzan su punto óptimo. Las plantas no suelen necesitar apenas agua durante la última semana.

Las variedades índicas suelen necesitar de 7 a 9 semanas para florecer, algunas pueden tardar hasta 10 semanas, dependiendo de la genética (skunk, hindu kush). Las variedades sativas hibridizadas con índicas, pero con predominancia sativa suelen tardar de 13 a 18 semanas o más para florecer (variedades haze x skunk). Las sativas puras pueden llegar a tardar 5 ó 6 meses para florecer, como las colombianas o mejicanas puras.

Al final de la floración el tallo se hace más frágil debido al peso de los cogollos, que hace que éste se doble fácilmente. En cultivos de interior los tallos son aún más débiles debido a que no se han podido fortalecer (ya que no hay viento). En exterior el final de la floración coincide con las tormentas de verano, que son destructivas. En ambos casos es necesario reforzar la estrucura de la planta clavando palos en el suelo para atar las ramas y reforzar la estructura de la planta.

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